El Rey de la Fiesta – Reseña

Un irregular viaje y relato onírico sobre la dualidad antagónica

El desenfreno, el engaño y la lucha de contrarios, son tópicos que causan ruido en un espectador que busca cada vez más salir de los lugares comunes o que, por lo menos, lo hagan sobresaltarse tanto por lo técnico con imágenes sorprendentes como por historias con las que se pueda identificar y a la vez pueda ver lejanamente.

Con este objetivo en mente y disonancia con el mercado comercial mexicano, Salomón Askenazi propone en El Rey de la Fiesta un relato con potencial en la premisa, visualmente interesante pero que no termina por resultar debido a una irregularidad producto de un viaje onírico sin control.

Héctor es un hombre cincuentón que vive una crisis de identidad al darse cuenta de que está aburrido de su trabajo y que su familia apenas lo soporta. Rafael, su hermano gemelo, es su socio y su opuesto total: Es mucho más relajado, excéntrico, se niega a sentar cabeza y sigue de fiesta perpetua. Cuando Rafael tiene un accidente aéreo en un viaje al que no le avisó a nadie, Héctor decide hacerse pasar por él para poder vivir una nueva vida. Así, poco a poco se libera de sus ataduras, descubre lo que su familia realmente piensa de él, comienza a sentirse más libre y finalmente se acerca más a su hija. Tras algunos días de vivir de esta manera, las consecuencias de este intercambio de identidad comenzarán a salir a la luz teniendo impacto directo en todas las personas que están cerca de él.

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Lo primero que habría que destacar es la gran labor visual que posee está cinta. Nur Rubio Sherwell transmite el contraste entre los dos hermanos. Por el lado de Rafael y cuando Héctor se transforma en su gemelo, los colores se tornan atractivos, brillantes cual viaje psicodélico que llega hasta en la música acertadamente seleccionada por Daniel Adissi, la cual pone el ambiente fiestero que da un subidón de energía. Además, se reconoce una magnética selección de encuadres con espejos, mismos que fungen como puerta de entrada y salida de las diferentes visiones que comparten un mismo cuerpo.

En el caso del más conservador de los protagonistas, los tonos apagados logran transmitir esa desazón, amargura y simbólicamente ilustran las ataduras de la vida que se guía por los clichés sociales. 

No obstante, tanto lo visual como lo sonoro no son suficientes para sustentar una premisa tan ambiciosa que no ejecuta bien el giro crucial que explica la presencia de una voz en off que discute lo que es la realidad y que da sentido a todo lo visto.

A esto se debe sumar una labor actoral un tanto sobreactuada que no termina por encajar del todo en el desarrollo de la narración. Si bien, se sabe que interpretar a dos personajes distintos es todo un reto, Giancarlo Ruíz hace lo que puede con una lectura que por momentos sí convence pero que en otros tantos se desboca y exagera en gran medida, un sello que afecta al resto del elenco.

Está saturación de conceptos un tanto disruptivos que suman secuencias donde el exceso es notable, impiden que la trama enganche del todo al espectador. El cambio de camino no está bien manejado y es fácil que el espectador se pueda perder. Esa frontera entre los sueños, visiones y realidad es difusa pero no lo suficiente para lograr el efecto de sorpresa que pudo darle varios puntos positivos a esta propuesta.

Conclusión

El rey de la fiesta es un experimento interesante, visualmente de buena calidad pero que falla al desarrollar una premisa interesante, sin ganarse la corona en una celebración onírica de la que no se consigue un clímax al despertar.

Ficha Técnica

  • Dirección: Salomón Askenazi
  • Guion: Salomón Askenazi, Karen Chacek
  • Reparto: Giancarlo Ruiz, Daniela Bascopé, Paulette Hernandez
  • Duración: 88 min.
  • País: México
  • Año: 2021