Benedetta – Reseña

Una transgresora y erótica crítica profana

La política, la religión y el sexo son temas que pese a los avances que se han dado en la sociedad, siguen trastocando a tal grado que el arte ha visto en la transgresión de estos el llamado de atención necesario para poner sobre la mesa discusiones sobre realidades a cambiar o, simplemente, ganar fama.

Desde la obra del Marqués de Sade con sus relatos libertinos llenos de contenido político-filosófico que han dejado grandes adaptaciones como la Saló, pasando por el legendario Decameron de Boccaccio con su picardía y audacia erótica  que legó el preciosismo de época o los señalamientos a las elites por medio de la sensualidad en Ojos Bien Cerrados, esta tercia de términos siempre son recordatorios de que los tabús no se han derrumbados.

Paul Verhoeven renueva el debate al conjuntar estos tres tópicos en una experiencia cinematográfica explícita, contestaría, contundente pero sobre todo, directa con una hipocresía que supera los muros de cualquier abadía.

En esta adaptación cinematográfica de la novela escrita por Judith C. Brown, Verhoeven cuenta la historia de una monja del siglo XVII que tiene una vida tranquila y entregada a Dios desde niña. Sin embargo, su paz es perturbada por una serie de visiones tanto religiosas como eróticas que despiertan sus impulsos y la llevan a iniciar una relación romántica-sexual con una de las monjas del convento en el que reside.

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Para su décimo octava cinta, el cineasta holandés sigue en la línea de tocar fibras sensibles con historias donde la mujer tiene las riendas de su destino mientras se empoderan en el siempre castigado umbral sexual y pasional. Mordaz con sus señalamientos a la hipocresía religiosa, la película lleva al extremo el fanatismo religioso que pese a los siglos de distancia persiste, usando en su contra los “milagros” y “señales” que ponen en duda las creencias, derrumbando los muros impuestos por roles impuestos por reprimidos e hipócritas.

El gore y las escenas sexuales son momentos necesarios no solo para escandalizar sino para ilustrar lo complicado que ha sido el camino a la aceptación social de las distintas preferencias, el papel de la propia mujer, la incongruencia del sistema de justicia, e incluso, de cómo lo establecido puede atentar contra las medidas más lógicas ante situaciones de salubridad que en este caso se tiene en la plaga (guiñó al COVID).

Visualmente impecable, Jeanne Lapoirie compone auténticas estampas y cuadros que embellecen hasta la suciedad del campesino. Las escenas que suben de tono progresivamente, no desentonan en lo estético, encarnando una crudeza sublime ejemplificada con la presencia de un velo que separa a las dos amantes pero que no evita que la más mínima caricia sucumba a la sencillez.

Las actuaciones de secundarios y principales son de aplauso. Virginie Efira encarna a una Benedetta con la que se plasma con brillantez la lucha entre impulsos y su entrega a la vocación religiosa. Por su parte, Daphne Patakia es Bartolomea, amante de Carlini, quien será la causal de la liberación de la monja, un vehículo para plasmar la violencia y cosificación de las mujeres.

Aún con todas estas virtudes, la cinta tiene momentos de bajón y esa misma desfachatez para profanar diversos símbolos religiosos puede resultar excesiva para cierto público tanto religioso como ajeno a dogma alguno. Así mismo, el tono que raya la burla puede desviar la atención de los mensajes que Verhoeven quiere transmitir.

Conclusión

Con una combinación entre realismo y fantasía, Benedetta es quizá la propuesta que se requiere para un mercado inundado por el cliché pero sobre todo, por la fragilidad en cuanto a la susceptibilidad que permite la supervivencia de tabús que no deberían existir.

Ficha Técnica

  • Dirección: Paul Verhoeven
  • Guion: David Birke, Paul Verhoeven. Basado en la novela de Judith C. Brown
  • Reparto: Virginie Efira, Charlotte Rampling, Daphné Patakia
  • Duración: 131 min.
  • País: Francia / Bélgica
  • Año: 2021