La Isla de Bergman – Reseña

Un relato acerca de la creatividad y los dilemas de la realidad

El cine sueco aportó a la historia del séptimo arte a uno de los artistas más prolíficos e interesantes de la segunda mitad del siglo XX en la personalidad de Ingmar Bergman. Creador de clásicos como Secretos de un Matrimonio, El Último Sello o Persona, entre otros títulos y abarcando además una interesante carrera en teatro, es incluso considerado como un cineasta que supo capturar en gran parte esos vacíos del cuerpo y el alma, la soledad, la muerte así como todos aquellos espectros oscuros del ser humano mediante una forma un tanto cruel pero hermosa de retratarlos frente a la cámara.

Alrededor de esta mítica figura del séptimo arte, existe un lugar llamado Isla Faro, hogar del realizador sueco que se ha convertido en un lugar turístico que sirve de inspiración para muchos artistas. Tal es el caso de la directora y guionista Mia Hansen-Love, que después de dos viajes a esta locación encontró la voz necesaria para realizar su séptimo largometraje en la que una pareja de cineastas (Tim Roth y Vicky Krieps) llegarían a este destino con el afán de crear algo y encontrar ese brillo que existe alrededor de la concepción de una idea, del proceso de escribirla y encontrar un camino propio para hacerlo.

Chris (Krieps) y Tony (Roth) no sólo enfrentan este pequeño dilema acerca de la noción más pura de la creatividad, sino de lo que esto conlleva en su vida de pareja, misma que se percibe en una especie de crisis. Entonces, habitar un lugar característico por ser la cuna de algunas de las cintas más significativas de la historia fílmica de Ingmar Bergman que a partir de 1960 se convirtió en su casa y lugar de filmación favorito hasta su muerte y del cual ambos personajes tienen cierta devoción, se vuelve una especie de homenaje catártico que llena la cinta de guiños y sensaciones que remiten a la filmografía de este director sueco.

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Algo curioso en este relato de Hansen-Love es cómo juega con ciertos elementos temáticos de sus filmes y los lleva por un camino que al amante del cine de hueso colorado le recordará a Bergman pero no con el mismo impacto, profundidad o tacto que tenía el sueco. Más allá de esas angustias y dudas que pueden vivir ambos protagonistas en su estancia en la Isla Faro, la directora francesa evita esos estados alterados de aflicción , al menos durante la primera mitad de este ejercicio cinematográfico.

En medio de esta situación del dilema de la creatividad nace también una cuestión interesante en esta Isla de Bergman: la del enfrentamiento entre la vida real y el arte. Hansen-Love da un giro rumbo a la segunda mitad del filme donde Chris tiene un bloqueo de escritura, pero es al ver la representación de su idea que las líneas entre lo que ella vive realmente para llegar a explotar su genio y la ficción del relato que está escribiendo proyecta un poco de lo que vive en la historia desconsoladora de Joseph (Anders Danielsen Lie) y Amy (Mia Wasikowska), pues es ahí donde la cinta se siente no sólo como ese ejercicio imaginario propuesto por Hansen-Love al inicio sino que, de repente, se conecta como una especie de pequeño homenaje a Ingmar Bergman y la capacidad de hablar de la naturaleza del alma por mas duro o ambiguo que sea el final.

Tal vez uno de los problemas principales en la cinta de la realizadora francesa es que no se llegan a conjugar del todo estas dos partes del relato, ofreciendo al final un desenlace que pone a reflexionar acerca del metalenguaje en el cine, dejando muchas cuestiones en el aire, provocando en el espectador la duda inherente acerca de la realidad y la ficción mismas y el cine como una vía para conectar ambas al crear una paradoja entre lo que quiere ser y lo que termina siendo para el público. 

Trailer oficial de La Isla de Bergman / Cinépolis

Conclusión

A medio camino entre un homenaje a la figura de Bergman y destacando los paisajes y locaciones que tanto apasionaron a este sueco durante una larga etapa de su vida, La Isla de Bergman se siente como un relato acerca de la creatividad y los dilemas de la realidad con la ficción pasando por una forma catártica de liberarse de los fantasmas del rompimiento de la realizadora con su ex pareja Olivier Assayas. Mia Hansen-Love logra crear un rompecabezas audiovisual que conectará con todos aquellos que aman este cine intimista que propone reflexionar acerca del proceso creativo y los extraños recovecos que produce como resultado de estudio de uno mismo.