El Exorcismo de Carmen Farías

¿Y dónde quedó el terror?

Si hay un género en México que conquista al público más allá de la calidad en sus relatos o propuestas, ése es el terror. Desde los estrenos serie b de Hollywood hasta algunos relatos interesantes con mucho mayor presupuesto, en el país suele consumirse este tipo de relatos para provocar miedo o decepción en la audiencia. 

Curiosamente, el cine mexicano no ha encontrado el rumbo para poder sacarle provecho a un género que podría alimentarse de todo el folklor y las leyendas urbanas que existen en el país para intentar emular el éxito logrado por el maestro Carlos Enrique Taboada con sus grandes clásicos de terror o las voces de algunos directores más contemporáneos que han sabido reinventar las historias dentro del mismo, como es el caso de Guillermo del Toro (Cronos), Issa López (Vuelven), Emilio Portes (Belzebuth) o Jorge Michel Grau (Somos lo que Hay). 

A pesar de estas excepciones, el género en nuestro país no encuentra un lugar específico o algún proyecto que resulte interesante para la audiencia y que ayude al crecimiento del mismo. En un nuevo intento por revitalizarlo llega la nueva cinta de Rodrigo Fiallega, El Exorcismo de Carmen Farías, donde lamentablemente la intención de hacer una cinta interesante queda muy lejos de dar resultados. 

La cinta nos presenta a Carmen (Camila Sodi), una periodista que no puede tener hijos por más que lo intente. De repente, sufre la pérdida de su abuela, quien le deja como herencia la vieja casona donde vivió en la infancia. Es así que la curiosidad de Carmen la llevará a pasar un tiempo en este lugar donde se encontrará con cosas muy extrañas que la conducirán a revelaciones nada agradables. 

Aunque la premisa no suena mal, es la ejecución en toda la historia la que nunca encuentra un buen camino. Desde el inicio, la edición de la cinta deja mucho que desear, haciendo cortes entre las imágenes y secuencias que no ayudan a que este relato fluya. Esto afecta, en consecuencia, a las intenciones de crear una atmósfera adecuada para el supuesto terror que, como espectadores, esperamos sentir. 

Pero no sólo es esto. También hay tomas que simplemente no tienen sentido. De repente, la cámara nos ofrece unos planos inclinados que no tiene razón de ser, como queriendo tratar de sacar al espectador de su zona de confort en un burdo intento de querer producir algo de tensión, miedo o extrañeza que jamás logran. 

Usualmente la musicalización en las cintas de este género resulta ser un factor muy importante. Sin embargo, en este exorcismo resulta un recurso muy forzado que funciona más como un distractor que un generador de tensión al punto de ser frustrante. Hay secuencias donde simplemente la música es exagerada, pareciendo querer dar a entender con calzador que aquí o allá debemos de tener miedo, convirtiéndose no sólo en un cliché sino en algo que mas que transmitir tensión, da risa. 

Y que decir de la fotografía, donde esa mezcla de colores cálidos con fríos nunca acaba de funcionar del todo ni tampoco ayuda a sentir esa sensación de encierro, mucho menos de temor en lo que está sucediendo. A pesar de ello, el diseño de producción resulta un tanto acertado en cuanto a la elección de la casa, donde los elementos viejos y uno que otro detalle hacen de ella un personaje más que trata de tomar la importancia que debería pero que nunca obtiene gracias al pésimo desarrollo en el guion. 

Y es que la historia tiene tremendos problemas de continuidad que son muy notorios como que hay una tormenta eléctrica sonando en exteriores y de repente todo está soleado o esos largos tramos donde pareciera que hay una gran distancia entre el pueblo y la casa donde están que de repente se vuelven triviales. Ya no digamos de algunos simbolismos bastante malos como el uso de unos pañales para hacer sentir culpa en la protagonista o ese final desastroso que llega de manera burda, al grado de lo risible. 

Cuando esto se junta con los demás fallos comentados, la cinta resulta ser un tremendo fallo en tono, intención y narrativa. Cuesta trabajo creer que Fiallega, a quien conocimos por Ricochet en la pasada edición del FICM, haya cambiado tanto de su ópera prima a este proyecto más allá de que ambas visiones o historias sean tan diferentes. 

Pero la peor situación de esta cinta de terror son sus protagonistas. Juan Pablo Castañeda sale un par de minutos para hacer el rol de un esposo que parece ser indiferente con su esposa. No se nota ni la preocupación ni la química entre ellos. Pero el gran problema cae en Camila Sodi, quien lleva el peso de toda la cinta sobre sus hombros y no sabe que hacer con ello. 

Ejemplo de esta situación son algunas escenas poco creíbles de susto, donde la inexpresividad en su rostro y sus acciones dentro de esta casa maldita y la situación terrorífica en la que vive parecieran ser de una completa indiferencia. Incluso en cintas malas del género de menor presupuesto hay una mayor intención por parte de los protagonistas de contagiar esa tensión o al menos reírte con ello. Aquí, simplemente no pasa nada.

Trailer oficial de El Exorcismo de Carmen Farías / Cinépolis Distribución

Conclusión

Tristemente, El Exorcismo de Carmen Farías se convierte en un muy mal ejercicio cinematográfico que funciona como lección para todo lo que no debes de hacer en una cinta de género. No cabe duda que, lamentablemente, lo único que transmite la cinta al finalizar su larga y tediosa hora y media de duración es hacerte la pregunta: ¿y dónde quedó el terror? 

Ficha Técnica

  • Dirección: Rodrigo Fiallega
  • Guion: Molo Alcocer Délano
  • Elenco: Camila Sodi, Juan Carlos Colombo, Juan Pablo Castañeda
  • País: México
  • Duración: 93 min.
  • Año: 2020