El cuento de las comadrejas

El cine latinoamericano está viviendo un momento álgido lleno de propuestas interesantes, que se salen de la línea comercial dominada por las comedias románticas insulsas, vacías y, en ocasiones, sin sentido. El Cuento de las Comadrejas resulta un ejemplo claro de esta tendencia ascendente que junto a El Angel, La Camarista, Cómprame un revólver o La Casa Lobo auguran un horizonte brillante para todo el continente.

La cinta nos narra la historia de Mara, una actriz de la era dorada del cine argentino comparte una mansión en decadencia con tres hombres: su esposo, un guionista y un director con los que solía trabajar. Pero la llegada de dos jóvenes y la posible venta de la mansión lo cambian todo.

La película cuenta con increíbles actuaciones: Graciela Borges como Mara, nos logra transmitir esa frialdad, egocentrismo y carácter fuerte que su personaje requiere; Oscar Martínez como Norberto Imbert, el retirado director, analitico y líder; Luis Brandoni como Pedro De Córdova, un manso pero apasionado hombre, esposo de Mara, con quien logramos empatizar; Marcos Mundstock como Martín Saravia, el antiguo guionista y quizá el personaje más ácido, duro, el punto medio y conector para todas las situaciones cómicas; Clara Lago como Bárbara Otamendi, la cínica y calculadora escribana, además de imprimir una sensualidad tremenda, nos hace odiarla por ser una antagonista muy creíble; y Nicolás Francella como Francisco Gourmand, un carismático negociador que es bien llevado por el actor.

Además de la química actoral, la dirección de Juan José Campanella es notable, ya que saca lo mejor de cada situación, personaje y cuestión técnica. Campanella nos regala auténticas situaciones que dan risa, pero que también se tornan dramáticas y serias cuando es necesario.

La paleta de colores es muy agradable, con diseños vintage en los vestuarios y en la mansión que pese a su estado antiguo, genera en el espectador nostalgia, una especie de magia que logra hacer creer que se ha vivido con los personajes por años. Pinturas, camas, esculturas, muebles e incluso costumbres (disparos con rifles de caza, el té, la joyería y el proyector casero) se suman la modernidad introducida por los jóvenes antagonistas (edificios, oficinas, restaurantes).  A esto hay que sumarle música de la décadas de 1950 y 1960, referencias a aquellos años y frases ya olvidadas.

Campanella maneja dos cuestiones que fortalecen la cinta: la crítica permanente al medio del cine y el humor negro que hace hilarante cada situación cómica. El director sabe satirizar y reírse de ciertos aspectos de su profesión, usando sarcasmo e insultos más que honestos, además de un metacine, donde la ironía está en su máxima expresión (constantes frases como “esto solo pasa en una película” o “aquí es cuando entran los malos” son la cúspide de este valor). 

Muchas de las líneas de cada diálogo son poesía pura, simbolismos tanto del cine, como del amor, amistad, inteligencia, estrategia y humor. La película se complejiza en cuanto a cantidad de mensajes que podemos discernir, pero sin hacer imposible para el público captar cada mensaje y propósito.

Hablando del guión, el ritmo es constante, agradable, nada aburrido y presenta giros que simplemente evitaran que el espectador se levante, ya que uno quiere saber en qué acabará esta historia. Sin duda, el final es de altísima nota, siendo un resumen perfecto de lo que ha sido la cinta. Las dos horas diez minutos se sienten muy poco.

Sin duda, El Cuento de las Comadrejas es una cinta que todos deben ver y disfrutar. Un signo de calidad más que claro y una experiencia cinematográfica única. Una vez más, Campanella cumple.

Sobre el autor

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Ficha Técnica

  • Director: Juan José Campanella
  • Guion: Juan José Campanella y Darren Kloomok
  • Elenco: Graciela Borges, Oscar Martínez, Luis Brandoni, Marcos Mundstock, Clara Lago y Nicolás Francella.

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