La dolce vita

Fellini y la gran belleza de Roma

A casi 60 años de haber ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes, Fellini regresa a la pantalla grande en una versión restaurada de una de sus tantas obras maestras: La Dolce Vita, ésto en el marco de la 67 Muestra de la Cineteca Nacional para recordarnos porqué es uno de los más grandes cineastas en la historia del séptimo arte.

La trascendencia de esta cinta del neorrealismo italiano, corriente en la cual Fellini hizo sus pininos como asistente de director de Roberto Rosselini en la cinta Roma: Ciudad Abierta (1945), es tal que puede ser interpretada como buena obra de arte de diferentes maneras. Y es que Fellini busca hacer ver al espectador la vida en esta bella ciudad en un momento de cambios trascendentales a través de la mirada de un escritor frustrado convertido en periodista sensacionalista, Marcello (el galán italiano por excelencia, Marcello Mastroianni).

Marcelo resulta ser una especie de guía de turistas para el espectador que presencia la belleza, la decadencia y la crisis existencial de un aparente vacío que reina alrededor de nuestros personajes. Esto sin contar los numerosos subtextos que la cinta maneja, ya que hay guiños hacia el tema de las creencias religiosas, el cierto conservadurismo contrapuesto contra el libertinaje de las clases altas, entre otros aspectos.

Es innegable que esta obra maestra de Fellini, al lado de otras como 8 1/2 (1963) o La Strada (1954), sirve como radiografía de una época difícil para una Italia y su ciudad cosmopolita por excelencia. Justo en medio de ella las situaciones de las que resulta testigo Marcello van desarrollando su crisis, un encuentro consigo mismo que lo llevará a la felicidad o a la decadencia absoluta del vacío existencial que tiene.

IMDb

Hablar de los valores de producción de la película es invaluable, ya que incluso fue nominada al Óscar por algunos de esos aspectos entre los que destacan justamente el diseño de vestuario y el diseño de arte, ambos piezas fundamentales en el relato. Sin embargo, tampoco podemos olvidar la inolvidable música del compositor Nino Rota, famoso por hacer música para muchas de las obras de Fellini y ser nominado a la presa dorada por la película El Padrino (1972) para ganar el Premio de la Academia por sus composiciones para El Padrino Parte II (1975).

La partitura de Rota le da una identidad diferente a las noches romanas, generando que la misma ciudad sea un personaje al lado de Marcello. Tampoco hay que olvidar que la cinta incluso fue base para la creación de la palabra «paparazzi», esto gracias al personaje de Paparazzo, mano derecha de Marcello que se encargaba de conseguir las fotos de los artistas y momentos importantes o vergonzosos de las noches de fiesta en la que lo acompañaba.

Es innegable que este clásico del neorrealismo italiano no envejece y que detrás de las anécdotas de las cuales es testigo Marcello se encuentra ese aire de cambio, de nostalgia, una mezcla perfecta de la gran belleza (que después retomaría Paolo Sorrentino en su obra La Gran Belleza del 2013) y de una Italia post guerra que caminaba entre los vientos de cambio, mostrando los vacíos existenciales y la decadencia detrás de la aparente opulencia de algunos.

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Conclusión

La Dolce Vita es el clásico que la Cineteca Nacional escogió para formar parte de la 67 Muestra de la Cineteca Nacional que inició el pasado 15 de noviembre y que es una de las imperdibles sin duda en este ciclo. La experiencia de verla en pantalla grande en su versión restaurada hará que las casi 3 horas de película sean una experiencia inolvidable para aquellos que la vean por primera vez o una belleza que amerita ser vista más de una vez por los cinéfilos de cepa.

Sobre el autor

Ficha Tecnica

  • Director: Federico Fellini
  • Guion: Federico Fellini, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano y Brunello Rondi 
  • Elenco: Marcello Mastroianni, Anouk Aimée y Anita Ekberg

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